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La ruptura del Perú con España formó parte del movimiento separatista latinoamericano frente al imperio español, que podríamos ubicar entre 1808 y 1825. Políticamente se precipitó cuando las tropas napoleónicas invadieron la Península poniendo en evidencia la crisis de la monarquía que debió interrumpir las comunicaciones con sus dominios de Ultramar.
Ideológicamente, sin embargo, la independencia fue un lento camino de alejamiento y crítica por parte de los criollos más ilustrados frente a la Metrópoli. Recordemos que los borbones los habían desplazado de muchos puestos claves de gobierno en favor de burócratas peninsulares. Esto dio lugar a un “nacionalismo incipiente” que se reflejaría en peticiones de autonomía política y ciertas libertades económicas que la monarquía española se negaría sistemáticamente a conceder a los americanos. En el Perú muchos de los llamados “precursores”, como José Baquíjano y Carrillo, Toribio Rodríguez de Mendoza o Hipólito Unanue, se inclinaron por esta suerte de reformismo. Pocos fueron los que adoptaron resueltamente el separatismo como Juan Pablo Viscardo y Guzmán o José de la Riva-Agüero.

Desde el punto de vista militar la liberación de Sudamérica se llevó a cabo a partir de la década de 1820 en dos frentes de manera casi simultánea. La Campaña del Sur, dirigida por San Martín, empezó en Buenos Aires y avanzó por los Andes logrando la independencia de Chile; la Campaña del Norte, comandada por Bolívar lograría, no sin muchas dificultades, la independencia de la Gran Colombia (lo que hoy son los territorios de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador). Ambos movimientos convergieron en el Perú, la plaza más importante del ejército realista. Aquí, en1824, las tropas de Bolívar y Sucre lograrían las victorias de Junín y Ayacucho.

Al otro lado del continente, en México, los patriotas seguirían su propio camino de liberación. Los cierto es que en 1826 España había perdido un enorme imperio del que sólo conservaría, hasta 1898, dos islas en el Caribe: Cuba y Puerto Rico. Unas 15 millones de personas habían dejado de ser súbditos del rey de España. Dentro de este marco la independencia del Perú fue, junto a la de México, la más complicada y larga de todas. La guerra duró entre 1820 y 1826 aproximadamente, causando numerosas muertes y pérdidas materiales.

Esto es comprensible ya que el territorio del antiguo Virreinato peruano ocupaba un enorme territorio que alcanzaba hasta lo que hoy es Bolivia, el famoso Alto Perú. Se trataba de un espacio muy diverso con realidades étnicas, regionales y económicas muy complejas y a veces contradictorias. Un escenario, además, donde una minoría blanca (criollos y peninsulares) convivía con la masa indígena más numerosa del continente, esto sin mencionar la presencia de esclavos negros y de un grupo cada vez más nutrido de mestizos y castas. El temor de una sublevación de las masas era algo que preocupaba a la élite. Por ello aquí la pugna de intereses hizo que no todos sintieran en el mismo momento la necesidad o la conveniencia de separarse de España, ni tampoco la forma en cómo llevar a cabo un proyecto tan delicado. Fue en este ambiente de confusión que actuaron los ejércitos de San Martín y Bolívar cuando llegaron a nuestro país.

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