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Aunque algunos piensan que se trata de un misterio, el hecho es que el nombre de nuestro país viene de Panamá. Sin embargo, Pizarro estaba decidido a que nos llamáramos Tumbes, Chincha o Cusco.

Todos los nombres tienen una historia pero la historia del nombre del Perú es una prueba de la fuerza caprichosa de las leyendas. Está demostrado que ningún inca oyó hablar jamás del nombre "Perú", que no es una palabra quechua. Sin embargo, los españoles ya hablaban de "Pirú" antes de pisar lo que hoy es nuestro territorio. 

Hay muchos comienzos a la historia de nuestro nombre pero uno de ellos puede situarse en 1513. Por entonces Vasco Núñez de Balboa acaba de descubrir el Océano Pacífico. En Panamá, el segundo de Balboa, un soldado extremeño llamado Francisco Pizarro, oye de las noticias que vienen del sur. Se habla de los balseros que por entonces navegaban desde las costas entre manta (Ecuador) y Sechura. Las balsas traían oro, plata y tejidos. Se trataba sin duda de una rica región.

Diez años después, el navegante vasco Pascual de Andagoya parte al sur y pasa el Golfo de San Miguel, en el actual territorio de Panamá, delante de la cordillera del Sapo. Los hombres de Andagoya bajan al nuevo territorio. 

A través de un intérprete, preguntan a los indígenas del lugar cuál es el nombre de ese nuevo lugar -Birú- le contestan los indios. En realidad, "Birú" era el nombre del cacique de la región que se llamaba así por él. Andagoya conoce al cacique Birú quien realiza una hazaña providencial. Cuando la embarcación de Andagoya se voltea en el río San Juan, Buenaventura, Birú lo salva de morir. 

Según el Dr. José Antonio del Busto de quien hemos obtenido los datos anteriores, a partir de la expedición de Andagoya, todo lo que existe al sur de Panamá es conocido por los españoles con el nombre de "Birú" o "Pirú". Esto significa que el nombre de nuestro país se origina en una región de Panamá o, más aún, en el nombre que esa región había recibido debido al nombre de su cacique. Cuando Andagoya se enferma y renuncia a continuar con la expedición al sur, Francisco Pizarro decide tomar la posta. El año 1524 parte hacia esa región al sur, el vasto y misterioso territorio que desde el diálogo de Andagoya con los indígenas del sur de Panamá, se conocía como "Birú".

CASI NOS LLAMAMOS TUMBES
Las afirmaciones del Dr. Busto coinciden en general con las de Raúl Porras. En su libro "El Nombre del Perú", Porras recuerda una cita de Agustín de Zárate en "Historia del descubrimiento y conquista del Perú". Zárate menciona "una pequeña y pobre provincia, cincuenta leguas de Panamá que se llama Perú". Dice Zárate que "después impropiamente toda la tierra que por aquella costa se descubrió, por espacio de más de mil y doscientas leguas, por luego de costa se llamó Perú". La distorsión de la que viene el nombre del Perú es por consiguiente producto de la imaginación popular. 

Mientras las expediciones españolas llegaban más al sur, la región llamada Perú se iba ensanchando en la mente de los saldados. De pronto "Perú" había llegado a significar todo lo que queda al sur de Panamá. Según Porras, la primer vez que se menciona el nombre del Perú es en 1527 en unas declaraciones del escribano Cristóbal Muñoz en el proceso a Pedrarias Dávila. Porras recuerda otra mención a Perú en el contrato entre Almagro y Luque de 1526, aunque en este caso se trate según él de una fecha posiblemente falsificada.

El nombre del Perú era usado, según Porras, acaso con mote despectivo o de burla, para los aventureros que partían hacia el nuevo y dudoso Dorado desde Panamá. "Perú" era un nombre popular que persiste y que es rechazado por los funcionarios de Panamá. El nombre de "Perú" no es usado por eso en los documentos hasta que la corriente popular se impone. Y es que los funcionarios sabían que llamar Perú a la tierra de los incas iba a llevar a confusiones pues "Birú" quedaba muy cerca, a cincuenta leguas de Panamá. Durante la conquista Pizarro y Almagro, que habían llamado el nuevo territorio "El Levante", se rehusan a usar el nombre de "Perú" por esta misma razón. Ambos se encuentran con la difícil tarea de bautizar el nuevo territorio. Piensan en nombres como Tierra Nueva de la Mar del Sur o Nueva Castilla y también en nombres indígenas: que lleve el nombre de la región donde han desembarcado, Tumbes. 

Pero el azar y el capricho del nombre popular se impone. "Birú" se ha transformado en "Perú". Incluso algunos españoles en Panamá confunden al anónimo cacique de "Birú" panameño con el inca del Tahuantisuyo.Sin embargo, aún al embarcarse Pizarro rumbo a España, para obtener la legalización de su empresa, no se había decidido la denominación oficial del país. Pizarro seguía pensando que el nuevo territorio debía llamarse Tumbes o acaso el Cusco o Chincha, las ciudades más importantes que había encontrado. En los primeros documentos predomina el nombre de Tumbes y hasta 1934 persiste la duplicidad en la denominación: Tumbes y Perú. Desde entonces, nos llamamos como un anónimo cacique que nunca soñó que su nombre sería el sinónimo de una de las culturas más antiguas y ricas del mundo.

LOS FALSOS ORIGENES
Sobre el nombre se han tejido una serie de falsas teorías. Una es de Fernando de Montesinos que le atribuye el término al nombre de un inca legendario por su valor y sus conquistas llamado Pirúa-Pacari-Manco cuyo reino abarcaba desde Colombia hasta Chile. Otra de las teorías etimológicas es que el nombre de Perú tuvo su génesis en el término Pirúa que significa depósito de alimentos. Tampoco han estado alejadas las tesis con basamento bíblico como la que construyeron los españoles asociando el nombre con el de los ofilitas, cuyo jefe es Ofir descendiente del patriarca Noé. También se ha comentado que Perú sería una deformación de "Piura".

LOS INCAS SÍ TUVIERON ESCRITURA
Burns ha sido calificado por J. Pulgar Vidal como "el científico que más ha contribuido a encumbrar nuestra cultura de todos los tiempos".
Lo señala William Burns en "La Decodificación de los Quipus".

WILLIAM Burns es un inglés de 80 años que ha vivido casi la mitad de su vida en el Perú, primero ejerciendo como ingeniero textil y administrador de empresas, luego adentrándose en el mundo prehispánico con la finalidad de resolver una pregunta: ¿Cómo es posible que los incas, con todos sus logros culturales, arquitectónicos y administrativos no hayan logrado desarrollar la escritura? Así fue que inició sus investigaciones en torno al tema que materializó en un primer libro titulado "Escritura secreta de los incas"
(1979). Después seguirían "Yupana, ábaco peruano" (1981), "El Kipu 17/8826"
(1984), "El tiempo en el antiguo Perú" (1986) y "Legado de los amautas"
(1990).

Todo ello le valdría ser calificado por Javier Pulgar Vidal como "el científico que más ha contribuido a encumbrar nuestra cultura de todos los tiempos". Así, quien participó en la Segunda Guerra Mundial sirviendo a la Royal Corps of Signals y que es presidente Honorario de la Academia Mayor de la Lengua Quechua, nos ofrece en su nueva publicación titulada "Decodificación de Quipus" en la que demuestra que sí existió escritura en el Incario, pues estos artefactos no sólo sirvieron como registro contable sino que incluso fueron receptáculos de poemas.

La serie de aproximaciones que lo llevaron a esta conclusión se inicia comprobando que los quipus debían operarse a través del sistema decimal. "A partir de este criterio -como lo explica el Dr. Virgilio Roel Pineda- quedó planteado otro problema, relativo al descubrimiento de las grafías de un alfabeto de sólo 10 signos y no de 28 ó más letras, como los que hoy se emplean en las lenguas occidentales. 

Para resolver este punto, Burns excluyó de su modelo de representación a los sonidos vocales, al modo de las escrituras hebrea y arábiga, que operan (...) sólo con consonantes. Hecho esto, Burns fue reduciendo el número de los signos consonantes excluyendo a los de similar sonido". De esta manera determinó 10 consonantes que adquirieron significado al relacionarlas con los colores de los hilos de los quipus y los signos geométricos que aparecen en los dibujos que acompañan la "Nueva Crónica y Buen Gobierno" de Felipe Guamán Poma de Ayala, arrojaban un coherente sistema escritural. Como prueba de este sistema escritural, el libro nos ofrece el estudio y decodificación de 10 quipus.


De esta manera, Burns concluye una parte de su proyecto de 25 años iniciado a finales de los 70's, que tiene como finalidad devolverle al Perú algo que es suyo: su escritura. (JCM).

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