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La casa maya prehispánica estuvo hecha de materiales orgánicos perecederos, por eso no se dispone de ningún ejemplo directo. Las casas del pueblo, originalmente, se hallaban sobre plataformas de baja altura que delimitaban el espacio de cada núcleo familiar y que incluían entierros.

La casa era de una sola pieza, de planta rectangular y cabeceras semicirculares. No tenía ventanas y contaba con una puerta central que ve hacia el este. A veces hay una puerta más, orientada hacia el oeste: era para comunicar con otra choza que servía de cocina y granero; la cocina tradicional constaba de tres piedras que sostienen un comal. Al colgársele hamacas, esa habitación única se coinvertía en dormitorio. Los pisos estaban hechos de tierra compacta puesta sobre un empedrado. Los muros, un armazón hecho de horcones y varas con embarro, estaban blanqueados a la cal. En ocasiones, también incluían un zócalo de piedra. Como techumbre se utilizaba una estructura de maderas cubierta de palma. En estas construcciones no había metales y todo se ataba con bejucos.


Después de contraer matrimonio el hombre maya construía una pequeña casa cercana a la de su padre o a la de su suegro. La armadura se hacía con juncos o cañas y descansaba sobre cimientos de piedra. Dicha estructura se recubría de adobe y al terminar se pintaba de colores vivos. El techo era alto y se hacía de ramaje muy bien trenzado con palma de guano. Su interior se dividía mediante una pared; una de las dos partes se convertía en cocina y la otra en dormitorio. Las camas, confortables y cómodas, estaban hechas de ramillas ligadas, las cuales cedían por el peso y el movimiento de los cuerpos.

Las casas no tenían más que un solo acceso, sin puerta, y cubierto por una cortina; un colgante con unas pequeñas campanillas de cobre avisaba cuando alguien entraba.


Si bien los palacios y los centros religiosos estaban construidos con piedra, la gente del pueblo vivía en casas construidas con el empleo de materiales naturales y perecederos. La armadura se hacía con juncos o cañas y descansaba sobre cimientos de piedra. Dicha estructura se recubría de adobe y al terminar se pintaba de colores vivos. El techo era alto y se hacía de ramaje muy bien trenzado con palma de guano. Su interior se dividía mediante una pared; una de las dos partes se convertía en cocina y la otra en dormitorio. Las camas, confortables y cómodas, estaban hechas de ramillas ligadas, las cuales cedían por el peso y el movimiento de los cuerpos.

El hombre común se encargaba también de levantar las casas de los nobles, que eran más grandes y espaciosas que las de los demás; algunas se construían con piedra labrada y sus muros se decoraban elegantemente. Las casas mayas por lo general eran utilizadas por más de una generación; al morir sus propietarios, eran sepultados bajo el piso de tierra de la casa; en ocasiones después de varios entierros, el lugar era abandonado como residencia y considerado a partir de entonces como un lugar sagrado.

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