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La Galería de las Ofrendas parece haber sido uno de los recintos de Chavín que tenían un destino conmemorativo; es decir que servían para recordar eventos importantes; iguales que una cripta, donde se guardaban las reliquias que se usaron en ese evento, para eterna memoria. La galería fue construida como parte de una plataforma donde estaba instalada una plaza hundida circular, que era el atrio vestibular desde donde se accedía al recinto cerrado donde estaba la gran imagen del ídolo principal de Chavín. Cuando se terminó de construir la plataforma y las instalaciones del atrio, la galería fue sellada, con las reliquias que contenía, conmemorando lo que obviamente fue una ceremonia espectacular.
En aquella oportunidad fueron a Chavín dignatarios de los más lejanos pueblos de la tierra, a cientos de kilómetros de distancia alrededor de Chavín y a mil o más kilómetros unos de otros. Viajaron desde sus tierras, llevando valiosos presentes a los señores de Chavín o a los espíritus que moraban en los templos. En botellas de barro, decoradas finamente, según su estilo tradicional, llevaban los licores de su tierra, mientras que los potajes y carnes de peces, aves, roedores, venados y camélidos de su medio, eran ofrecidos en los finos cuencos que los sacerdotes de Chavín tenían destinados para esa ocasión. Como parte de esos potajes había presas de seres humanos canibalizados, cuya comida se acompañaba con frutas varias y abundante bebida dispuesta en numerosos cántaros de barro.
En las paredes orientales de la plaza circular, se gravó un mural con una serie de personajes en procesión, todos dirigiéndose hacia las escaleras que conducen a la galería donde está el ídolo principal. Sin asumir que el mural era un retrato de lo que allí acontecía, es posible presumir que ocurría algo similar en esa plaza, cada cierto tiempo: una ceremonia, en la que una serie de dignatarios, premunidos de suntuosos atuendos, con tocados en forma de coronas, caminaban hacia la "ermita" donde estaba el ídolo, precedidos de trompetas, llevando el mullu sagrado y alguien que portaba un bastón alucinógeno. Quizá, como los shamanes, los sacerdotes del templo se vinculaban con sus dioses con la ayuda de estupefacientes. En la fiesta eran importantes los alucinógenos, pues aparte de que la imagen del cáctus San Pedro que acompañaba a la procesión, en la galería de las Ofrendas estaba depositada toda la parafernalia para el uso de drogas, en forma de tubos y paletas, puestos cerca de la entrada al subterráneo.

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