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"Mullu" es el nombre con el que los habitantes del Perú antiguo conocían los productos de una concha que viven en los mares cálidos del norte. La recolecta del Mullu (Spondylus princeps) la hacían los pescadores, quienes sabían que había que bucear a varios metros de profundidad para encontrarlo; sólo excepcionalmente se encontraba cerca de la superficie. Hay mullu en los mares cálidos del Ecuador, no en los del Perú, que son fríos. A partir del Guayas, hacia el norte, especialmente en las costas de Manabí, el Mullu abundaba y eran pues los pescadores los que podían tener acceso a ese bien. Era excepcional que se hallara más al sur; en realidad podía hallarse hasta Tumbes y algunos años húmedos cerca de Paita. En 1925 llegó el Mullu hasta Chimbote y hay historias que dicen que el mullu llegó alguna vez hasta el Callao. Eran años de grandes lluvias en todo el litoral y el mar, caliente, tenía peces y mariscos ecuatoriales "bajando" al sur.
Para llevar mullu hacia Chavín, parece que la ruta privilegiada iba desde Manabí hacia Cuenca, en la sierra de Guayaquil y de ahí bajaba hacia Piura y Sullana. Cruzar el Guayas e ir por mar era muy complicado, tanto por las corrientes que dificultan la navegación, cuanto por la selva enmarañada de esta parte del litoral, llena de manglares y de animales peligrosos, como los felinos y los cocodrilos, sin contar las serpientes venenosas de la jungla. Es posible que en algún punto de estos, los del sur obtuvieran el mullu de manos de los norteños. Los arqueólogos ecuatorianos encuentran que la región del Cañar y Cuenca era un "nudo de caminos" para los traficantes de este tipo de productos. Podemos pensar que los del sur quizá llevaban coca, turquesas y lapislázuli u oro y telas, para intercambiar.

La sierra piurana era un lugar de intenso tráfico, que llevaba el mullu hasta el mar, desde donde fácilmente podía ser conducido en baldas hasta Trujillo y Lambayeque, que parece un buen lugar para su redistribución hacia el sur. El cruce del desierto de Olmos y Talara es pesado, pero los trujillanos tenían pleno dominio de los medios para hacerlo. Desde allí iban hacia Cajamarca y los valles del sur, por lo menos hasta las orillas del Santa. La sierra de Trujillo y de Ancash es un dominio rico en bastimentos y se podía cruzar en muchos puntos. Los habitantes de Nepeña, Casma y Paramonga y los otros pequeños valles, cruzaban la cordillera negra, bajaban al Callejón de Huaylas, volvían a subir hasta los nevados de la Cordillera Blanca y desde allí podían bajar a Chavín. Los peregrinos que llevaban el mullu venían pues desde Cajamarca por Huamachuco y Cajabamba hasta llegar a San Luis y Huari, desde donde iban por la ruta del Mosna hasta Chavín; los otros, desde las alturas de Chimbote, iban en la misma dirección.
El mullu seguía hacia el sur, hasta Lima e Ica, por la costa y desde allí pudo llegar a Ayacucho, Cusco y Puno. El paso, por la sierra, era la extensa puna de Junín. No sería extraño que fueran gentes de Chavín o Cupismique quienes cubrían este tramo de la ruta del Mullu. Hay evidencias rotundas que los del sur sí tuvieron contactos muy consistentes con los habitantes del norte y los indicios no señalan dominio de los chavinenses sobre los del sur, sino simple y llanamente contacto, que bien puede haber sido la buena nueva de los tiempos de lluvia que venían junto con el Mullu: el "mensajero del agua".

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