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Extraído de “El Mundo Andino - De la caza a las tecnologías agropecuarias”, Universidad de Lima, Fac. de Cs. Humanas, Lima, 1990
La más grave carencia con la que se enfrenta la agricultura en la Región Andina es la falta de agua. Este problema aparentemente insoluble, había sido resuelto en gran medida por los antiguos peruanos en diversas regiones del país; ellos habían aprendido a aprovechar toda el agua posible de los ríos, puquios y laguna y hasta del subsuelo; pero entre los sistemas más interesantes está la forma como aprovecharon el agua de la lluvia a través de lo que en la actualidad denominamos esponjas hídricas. Estas consistían en delicados mecanismos de infiltración del agua de la lluvia en las laderas de los cerros, mediante zanjas y huecos que no dejaban correr el agua sino que permitían más bien que percolase debajo la cobertura vegetal, formando en cada cerro una verdadera esponja llena de humedad. Aquí está la respuesta a la pregunta que todos nos hacemos al ver en muchos lugares de la sierra andenes abandonados sin podernos explicar cómo es que pudieron ser cultivados en tales alturas, sin la posibilidad de que se hubiera podido conducir el agua hasta allí. No podemos, pues, dejar de admirar lo que se ha llamado con justa razón "el milagro agrícola prehispánico".
Las evidencias, así como las posibilidades, de las llamadas paleotecnologías agrícolas son tales que muchos especialistas en desarrolo están recurriendo a la ayuda de las antiguas técnicas agrarias con resultados realmente sorprendentes, sobre todo, frente al fracaso para lograr tierras de cultivo con las técnicas occidentales tradicionales.
Uno de los primeros en darse cuenta del potencial económico de las tecnologías prehispánicas fue Alexander von Humboldt, al ver las impresionantes obras de ingeniería hidráulica en la costa norte del Perú, y propuso la restauración de los antiguos canales. Después, ya en 1940, Paul Kosok ensayó varios trabajos sobre viejos sistemas de canales tanto de la costa como de la sierra y utilizó los cálculos de Sutton, a quien el gobierno de Leguía encargó el estudio de las posibilidades de irrigación de grandes sectores de la costa norte, para calcular la extensión de tierras de cultivo posibles de recuperar y estableció los límites del cultivo prehispánico para los valles de la costa. L conclusión a la que arribó Kosok y que tiene gran interés es que los pobladores prehispánicos de la costa norte tuvieron un sistema de contención y manejo del agua adecuado a las necesidades de cada estación, el mismo que se perdió con la conquista española. Después de Kosok son varios los investigadores que han continuado preocupándose por los sistmas prehispánicos de regadío y han comprobado que grandes áreas que ahora ya no se cultivan fueron cultivadas en épocas antiguas y que estas mismas áreas podrían volver a cultivarse sobre la base de las tecnologías históricas.
La preocupación por el rescate de las paleotecnologías (el nombre nos parece del todo inapropiado por su propia connotación, es preferible llamarlas tecnologías autóctonas, andinas, aborígenes o en todo caso históricas) está llevando a muchos investigadores a trabajar en todo el territorio peruano con alentadores resultados para el futuro de la producción de alimentos, que es lo más importante para el país. Son conocidos los trabajos de Eling, Pozorski, Ortloff, Feldman, Flores Ochoa, Moseley, Farrington, Kus, Rodríguez Suy Suy, Wolam y muchos otros. Dice David Guillet, investigador de la Universidad de Missouri: "El potencial económico de las paleotecnologías adquiere mayor importancia en vista de que, apartir de 1950, han fracasado los intentos de introducir tecnología occidental en el sector agrario de los países andinos. En muchos casos lo único que se ha logrado es crearles dependencia tecnológica respecto de los países desarrollados".
Hace mil años como dice Ortloff (1977) los especialistas autóctonos utilizaban conceptos de dinámica hidráulica que no fueron descubiertos por la ciencia occidental sino hasta el presente siglo, y Chan Chan, la capital del reino Chimú, era abastecida por un sistema de agua potable proveniente de unas 25 norias, alimentadas por la capa freática, mantenidas por un sistema de filtración con niveles diferentes y por un mecanismo de manejo hidráulico mucho más ingenioso y eficazque el alcantarillado que sirve actualmente a la ciudad de Trujillo.
Bastante conocidos son los sistemas de terrazas llamados comúnmente andenes, que utilizaban los antiguos americanos en varias regiones y especialmente en los Andes Centrales. Aún se cultiva en ellos en algunos lugares, pero la gran mayoría que se conocen están abandonados. Después de la conquista española se produjo el colapso agrario, tanto por la ruptura del sistema social que sustentaba a este género de producción como por el abandono de los delicados mecanismos y técnicas de preservación de suelos y mantenimiento del área cultivable, desencadenándose así el cada vez mayor daño causado por la erosión, con el consiguiente aumento de la aridez. Mediante los andenes, que se hallaban dotados de perfectos mecanismos de drenaje, se evitaba la erosión, el otro gravísimo problema, junto con la escasez de agua, que afronta la agricultura en tierras altas. Los materiales arrastrados por las quebradas y torrenteras era distribuido, una vez dominada su fuerza, por canales convenientemente repartidos entre las terrazas; así el légamo y los detritos servían para reabastecer la tierra con materia orgánica siempre neva. Algunos investigadores señalan la cifra aproximada de un millón de hectáreas de tierras cultivadas en los andenes del antiguo Perú, de las cuales de cultivan actualmente no más de una tercera parte. No obstante, esto significa alrededor del 80% de los cultivos de la sierra. Cabe así mismo referir que el 50% del área cultivable del Perú se encuentra en la sierra, pero en esta región sólo se alcanza el 25% de la producción agrícola nacional.
Además de los andenes se utilizaron otros sistemas de aprovechamiento del suelo apra cultivo, según las características del medio, como el llamado de "campos hundidos", los de "hoyas" y cochas, camellones o waru-waru y de amplias terrazas en laderas poco empinadas o pata-pata, entre los más conocidos.
En la costa la "paleotecnología" más conocida corresponde a la de hoyas (no sabemos cómo se denominaba en las diferentes lenguas), la cual consiste en extensiones excavadas hasta el nivel freático para recibir la humedad por filtración; se la ecnuentra principalmente en las regiones más áridas. En Paracas, donde no hay ríos permanentes, parece haber sido el sistema del cual dependían los cultivos en gran medida. Actualmente son escasas las que aún se utilizan, las que quedan de tiempos prehispánicos se hallan abandonadas y casi todas destruídas. Guillet ha estudiado hoyas en el Altiplano y reporta también hoyas rudimentarias excavadas en el suelo volcánico en Lari, en el valle del Colca, para las cuales reclama la atención que emerece el conocimiento y la rehabilitación de tan importante sistema.
Jorge Flores Ochoa y Percy Páez, de la Universidad del Cusco, han llamado la atención sobre otra variante de campos hundidos, las cochas, que se utilizan todavía principalmente en el Altiplano, alrededor del Lago Titicaca. Las cochas, o mamacochas, consisten en depresiones o lagunillas artificiales de diferentes tamaños, por lo general entre 45 y 183 metros de diámetro y aproximadamente 1.20 de profundidad, para guardar el agua de lluvia y utilizar la humedad en los terrenos circundantes o intermedios de ellas. El uso de las cochas, sus formas, variedad, sistemas de drenaje, dimensiones y concentración significan una clara manifestación del increíble manejo tanto de la naturaleza de los suelos como de la mecánica hidráulica y de los procesos de cultivo. Las cochas sirven también como abrevadero de animales. Actualmente se utilizan en la zona de puna y constituyen una forma intensiva del uso de la tierra para el cultivo de productos agrícolas como de forraje para el ganado. En el departamento de Puno, entre los ríos Azángaro y POucara, se encuentra una concentración de aproximadamente 20 mil cochas en 528 kilómetros cuadrados. No obstante, su aprovechamiento dista mucho del de los tiempos prehistóricos, no sólo por la pérdida de tecnología sino también por la desarticulación del sistema social que les sirvió de base.
Así como en Mesoamérica, en la Región Central Andina se utilizaron camellones o waru-waru, campos de cultivo elevados que se levantaron artificialmente para mejorar el drenaje, lograr variables climatológicas y microambientales a fin de mejorar el rendimiento del suelo controlando la humedad; pero, sobre todo, para la recuperación de terrenos pantanosos y para evitar los daños por exceso de lluvias; en otros casos, para conservar el agua estacional y distribuirla después. Smith, Denevan y Hamilton han calculado un total de 82,026 hectáreas de camellones para la región del Altiplano peruano-boliviano. Ya Max Uhle mencionó el sistema de camellones en 1923 y después han sido estudiados por los investigadores mencionados, Smith, Senevan y Hamilton, así como por Guillet y últimamente por Erickson y Goicochea entre los más conocidos.
Otra técnica utilizada por los agricultores prehispánicos de las tieras altas fue la del puncu, que consistía en aprovechar el agua del deshielo de los glaciares alamacenándola en cuencas de recepción formadas por las propias morrenas y, en otros casos, en diques construidos de pirca. Esta técnica viene siendo experimentalmente rehabilitada sobre algunos vestigios en el valle del Alto Urubamba. En muchos otros lugares la tecnología del puncu significa la mejor respuesta en la alternativa entre la preservación de la fauna como de la flora naturales y la ampliuación de las tierras agrícolas mediante la quema y la tala de los bosques. La acumulación del agua en las partes altas en la época de deshielo está relacionada con las temporadas de siembra y regadío de los cultivos, a través de canales que la conducen a las tierras de cultivo en las laderas y partes más bajas de los valles.
Con estos sistemas y con otros que aún se desconocen, no cabe extrañarse cuando se advierte que antes de la conquista española el Perú tenía mayor capacidad aliemnatria que Europa, con más altos índices de calorías y también de proteínas, tanto por la calidad como por la cariedad de productos alimenticios. De hecho, como lo afirma un investigador tan serio como Noble Cook, las poblaciones del Área Central Andina estuvieron mejor alimentadas que las de Europa Medieval.
Naturalmente, la base de todos estos sistemas y mecanismos a través de los cuales el hombre andino logró arrancar sus secretos a la anturaleza y consolidar sus tecnologías, estuvo sustentada por la organización social y las formas por las que el aparato del Estado y los sistemas de control social consiguieron optimizar el aprovechamiento de la fuerza laboral de la población.   
ALMACENAMIENTO Y CONSERVACIÓN DE ALIMENTOS
Otro aspecto más que importante, esencial, de la tecnología andina prehispánica es el que se refiere al almacenamiento y conservación de alimento, puesto que no sólo sirvió, obviamente, para asegurar el consumo futuro de los individuos, sino que todo el sistema político y económico de las sociedades que alcanzaron mayor desarrollo estuvo sustentado en dos principios fundamentales de interacción: el de reciprocidad y el de redistribución. Como se sabe, el desarrollo socioeconómico en el Perú antiguo no estuvo referido al sistema monetario ni al de economía de mercado, sino a estos dos principios más directos, dentro de los que tuvo papel primordial la redistribución de alimentos.
En cuanto al almacenamiento, se trata de una tecnología de las más antiguas, desarrollada ya en los tiempos precerámicos. En el sitio tantas veces mencionado, de Los Gavilanes, en Huarmey, además de maíz temprano, encontró Bonavía las estructuras que lo contenían y que no habían sido antes estudiadas con mayor detenimiento. Sólo allí este arqueólogo encontró 47 estructuras, depósito para almacenar maíz, lo cual como él mismo concluye: "se trata de un verdadero sistema que permitía guardar ingentes cantidades de grano de esta planta". Recubiertos de guijarros, estos depósitos eran utilizados ya en el Precerámico Final peruano, hace 4,000 años, aunque el conocimiento del uso del maíz en la zona se remonta a unos mil años más.
El estudio de estos depósitos, sus dimensiones, correlaciones, así como las inferencias de tipo estadístico permiten ampliar el conocimiento acerca de la agricultura temprana, la demografía de la región y, sobre todo, del superávit que se almacenaba por tiempo indeterminado, lo cual debió permitir un significativo control de los recursos.
De épocas más tardías se hallan infinidad de depósitos, prácticamente junto a todo asentamiento. Son muchas las descripciones arqueológicas y corresponden a todas las épocas, pero cuando mejor se aprecia sus funciones y características es bajo la dominación incaica.
Estos depósitos tuvieron diversos nombres, pero genéricamente se los conoce bajo la denominación quechua de collas o pirhuas. Estuvieron distribuidos estratégicamente en los lugares desde los cuales se controlaba la redistribución de los productos en ellos almacenados. El mayor número y los más grandes estaban en las "cabezas de provincia" como fueron: Quito, Tumibanba, Cajamarca, Huamachuco, Huánuco-Pampa, Jatunjauja, Pumpa o Bombón, Huaytará, Vilcashuamán, Ollantaytambo, Jatuncolla, en la sierra, y en la cposta Tambo Colorado, Chincha, Cajamarquilla, Armatambo, Paramonga, como los más importantes; pero los hubo también en otras llactas y centros administrativos de segunda importancia como Carengues, Caxas, Poechos, Incahausi, Ayaviri, Incarajay, y así en otros centros de redistribución de distintas categorías que cubrían todo el Tahunatinsuyo.
En Huánuco-Pampa, uno de los centros administrativos del Imperio, encontró Craig Morris más de dos mil collcas de diferentes formas y tamaños, con muy especiales características y un increíble grado de sofistificación relativa al tamaño de las estructuras, a la naturaleza de los productos, a su ubicación, a los materiales con que fueron revestidos, a sus formas, inclinación de los pisos para su manejo, a los ductos de ventilación, a la orientación de la spuertas, etc. todo lo que nos permite formarnos una idea general de las técnicas de preservación y del volúmen de la redistribución.
Cada centro administrativo representaba un modelo, según su jerarquía, semejante al Cusco, ciudad que llegó a ser una de las más grandes e importantes de su tiempo en el mundo entero.
Las collas fueon construidas teniendo en cuenta la naturaleza de cada producto: alimentos, ropa, armas, etc. con sistemas auxiliares de almacenaje. Así, por ejemplo, la coca era guardada en canastas de un tamaño determinado, lo mismo que el charqui o carne seca tanto de auquénidos como de aves (perdices, patos o palomas) que se conservaban en "petaquillas" de paja o madera, lo mismo que frutas secas y otros vegetales.
Estos depósitos de gran magnitud, distribuidos en todo el territorio, constituyeron el más importante apoyo logístico a la hueste hispana en el proceso de la conquista.
No se conoce todavía la significación cabal de estas tecnologías, pero tanto por los hallazgos arqueológicos como por las noticias de los cronistas y por la información etnográfica es evidente que se trata de un conjunto de técnicas que hicieron posible un sistema sorprendentemente eficaz de almacenaje y redistribución. Las más concidas son la deshidratación de los tubérculos y las carnes.
De la papa se preparaba el chuño, especialmente de las variedades de papa amarga (ruque) seleccionadas para el efecto, aunque se utilizaba toda la variedad de este tubérculo; además, como materia prima de el chuño eran aprovechadas todas las calidades de papa, incluso las descompuestas. El chuño, alimento nutritivo y de fácil digestión, es base de variados potajes de nombres y particularidades también diversos, según la región; pero el proceso de su preparación es complejo y requiere de sutiles procedimientos, que no vamos a pormenorizar ya que existen trabajos muy bien informados que a ello se refieren, como el de Ñorio Yamamoto o el de Mauricio Mamani, entre los más conocidos. Sólo cabe mencionar que cada clase de chuño exige diferentes maneras de procesamiento. Se preparan aún dos clases principales, chuño negro (ruque) y chuño blanco (tanta), y se puede utilizar la papa en procesos intermedios como la moraya para hacer potajes especiales.
También se deshidrataba, como hata ahora se lo sigue haciendo, la oca (oxalis tuberosa) del mismo modo que el chuño; al producto se denominaba caya, pero si el procedimiento sigue las fases de la moraya toma el nombre de umacaya.
Como ya lo hemos señalado, en estos últimos tiempos se ha despertado especial interés hacia el conocimiento de los recursos y tecnologías prehispánicas y ello va más allá del puro interés histórico, puesto que significa la posibilidad trascendental de resolver el más grave problema del país, como es el problema alimentario. En la alternativa de encauzar estrategas para enfrentarse a la necesidad capital de sobrevivir y desarrollarnos por nosotros mismos, se tiene que optar por un mundo que constituya la respuesta racional de desafío y gran parte de esa respuesta radica en la recuperación y aplicación de las tecnologías aborígenes. Rehabilitadas y perfeccionadas deben éstas ser completadas con tecnologías de otras culturas adaptadas a nuestros ecosistemas lo mismo que con las llamadas tecnologías "de punta"; no obstante, la base del desarrollo nacional -a la larga no hay otra salida- está en el aprovechamiento de nuestros propios recursos y posibilidades; en su conocimiento y administración con tecnología sustentadas sobre bases ecológicas; en el uso intensivo de la mano de obra local; en la dependencia cada vez menor de fuentes de energía controladas por otros países, en el uso de pequeñas fuentes renovables y no contaminantes; enla institución de formas y sistemas políticos que se apoyen en las comunidades locales y, finalmente, en clara conciencia histórica de lo que alcanzamos ser en una época, una civilización que frente al reto de uno de los medios más adversos en los que se haya desarrolado civilización alguna, logró excepcionales realizaciones en lo que respecta a la protección y seguridad de los individuos y de la familia por parte del sistema social.

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