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Fue la segunda época de interrelación en los Andes definida por las culturas Tiahuanaco y Wari. El centro de la primera se ubicó en la región sureste del Lago Titicaca (actual Bolivia) y su influencia se extendió por la sierra sur del Perú y el norte de Chile; Wari tuvo su centro en Ayacucho y su expansión llegó a La Libertad y Cajamarca, por el norte, y Arequipa y Cuzco, por el sur.
Tiahuanaco se conoció desde el momento de la Conquista y los cronistas la relacionan como una “ciudad” arruinada y misteriosa; los incas, además, hablaron de ella como una civilización anterior a ellos. La arqueología confirmó luego que su antigüedad era mayor a la de los incas e identificó a Tiahuanaco como un Imperio que, tras su colapso, dio origen al Cuzco debido a migraciones de pueblos Altiplánicos hacia el noroeste.
Estudios recientes confirman que Tiahuanaco fue un conjunto de ayllu vinculados a centros ceremoniales y administrativos (Kalassasaya, Akapana, Templete, entre otros) y que se “expandió” a través de colonias en los distintos pisos ecológicos  que van desde el Altiplano boliviano a las costas del sur del Perú (Arequipa, Moquegua y Tacna) y el norte de Chile (Arica y Tarapacá); esto nos da la imagen de un “estado-colonizador”. En todo caso Tiahuanaco nunca fue un Imperio, o un pueblo guerrero y expansivo, sino un centro religioso con un particular culto (Wiracocha o “dios de los báculos”) cuya influencia también llegó a los actuales departamentos de Cuzco y Ayacucho, marcando claramente el posterior desarrollo de Wari.
La economía de Tiahuanaco se basaba en la agricultura, en el pastoreo de auquénidos y en la pesca lacustre y fluvial. Desarrollaron una cerámica donde destacó el vaso ceremonial (kero) con decoración geométrica y polícroma, y fueron los descubridores del bronce (aleación del cobre con el estaño). Construyeron grandes templos piramidales de piedra y esculpieron figuras megalíticas (Puerta del Sol, donde destaca la imagen del “dios de los báculos”, y el Monolito Benett). El colapso de esta cultura parece estar relacionado a cambios climáticos, iniciados hacia el 700 d.C., que modificaron los niveles del Lago Titicaca afectando seriamente la vida económica de sus pobladores.
En relación a Wari sí podemos hablar de una organización urbana dirigida, al parecer, por una élite guerrera que se expandió construyendo una red vial y una serie de centros administrativos. Si bien la arqueología aún no puede confirmar el carácter militarista de esta expansión, sí es visible que se logró una gran uniformidad de criterios en su área de influencia: centros urbanos planificados con barrios de artesanos y depósitos; arquitectura monumental y el uso del modelo “trapezoidal”; control de pisos ecológicos y la movilización de mitmaqkunas; culto al “dios de los báculos” (Wiracocha); red vial que luego sería ampliada por los incas; y la utilización del runa simi como lengua para los intercambios. Por esta razón se ha hablado del Horizonte Wari, del “primer imperio andino” o del primer Tahuantinsuyo. De todos modos no podríamos dudar que se trató de la primera época con características “imperiales” en los Andes de la que los Incas retomarían casi todas sus manifestaciones.
Los wari construyeron las “ciudades” de Wari (la “capital” ayacuchana), Ñawimpuquio y Conchopata (Ayacucho), Pikillacta (Cuzco), Pachacamac y Cajamarquila (Lima), Huarivilca (Huancavelica) Vilcahuaín (Ancash) y Wiracochapampa (La Libertad), entre otras. Todas ellas funcionaban como centros de almacenamiento y de producción artesanal (textiles, cerámica y objetos de metal). Terminaron convirtiéndose en cabeza de región y, alrededor del 800 d.C., cobraron cada vez mayor autonomía del centro ayacuchano dando inicio al colapso del Segundo Horizonte y configurando la “regionalización” del Intermedio Tardío. En este sentido el oráculo de Pachacamac adquirió independencia y cobró un prestigio que duraría hasta la época incaica.    

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