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Los incas llegaron al Cuzco alrededor del siglo XII como resultado de una movilización general. No se conoce con exactitud el lugar de partida; según los mitos salieron del Collao y pasaron por lugares como Pacaritambo donde dominaron, a su paso, diversas poblaciones. Hacia el siglo XIII eran el grupo de mayor prestigio y poder en el valle del Cuzco y se reclamaban descendientes del Sol. La fundación del Cuzco está relacionada con la figura mítica de Manco Cápac, primer Inca, e iniciador del linaje de gobernantes. Todos sus sucesores, hasta Wiracocha, son personajes míticos. No se puede hacer una “historia” de los Incas hasta el siglo XV; parece que en este lapso sólo llegaron a dominar el colindante valle de Yucay, muy rico en maíz. El gran cambio vino con Pachacútec, su primer gobernante histórico. Él venció a los chancas, implantó oficialmente el culto solar e inició la expansión. Había nacido el Tahuantinsuyo o “imperio de las cuatro partes del mundo”.

A Pachacútec le sucedieron Túpac Yupanqui y Hayna Cápac. Desde la victoria frente a los chancas (h. 1438) hasta la muerte de Huayna Cápac (1528), los incas conquistaron un enorme territorio de unos 4 millones de kilómetros cuadrados y poblado por 9 a 12 millones de personas. Iba desde Pasto (sur de Colombia) hasta Tucumán (Argentina) y Maule (Chile). Las mayores conquistas las realizó Túpac Yupanqui, quizá el personaje más fascinante que conocemos de esta larga historia andina; guerrero, viajero y visionario dominó a huancas, chimús, y chachapoyas; anexó el “reino de Quito” y posiblemente realizó una expedición marítima hasta la Polinesia; conquistó los territorios del extremo sur del Imperio, recorrió las pampas argentinas y se dice que arribó hasta el Estrecho de Magallanes. Huayna Cápac encontró un territorio muy amplio y se dedicó a pacificarlo y reorganizarlo. Sus sucesores, Huáscar y Atahualpa, encabezaron una lucha entre la élite por el poder que desgastó al Imperio justo cuando los españoles preparaban la invasión definitiva. Hacia 1530 el Tahuantinsuyo tenía una duración de menos de 100 años, un tiempo muy corto para poder dominar coherentemente su extenso territorio. No todos los grupos étnicos aceptaron el dominio de los cuzqueños y “colaboraron” con los invasores para recuperar su autonomía.

Los incas aprovecharon toda la experiencia acumulada en los Andes y su mérito fue extenderla desde su centro en el Cuzco. Los criterios de reciprocidad fueron aprovechados, y la mita y la redistribución fueron aplicadas en beneficio el Estado. Ampliaron y mejoraron la red de caminos de origen wari; multiplicaron los tambos (albergues en los caminos) y colcas (depósitos);  andenes y puentes se siguieron construyendo; aprovecharon el control de pisos ecológicos y movilizaron a miles de mitimaes (mitmaqkuna) para colonizar áreas de cultivo o zonas recién conquistadas; finalmente, desarrollaron un eficiente sistema de administración y contabilidad (quipus) para movilizar a la población. Todo se realizó con la mediación de los curacas. Tuvieron un calendario solar y el año se dividió en festividades vinculadas al culto y al trabajo. Por último, fundaron ciudades (Tumibamba, Cajamarca, Huánuco Pampa) y otros centros administrativos cerca del Cuzco (Ollantaytambo, Písac, Machu Picchu).

El inca era un personaje sagrado; tenía varias esposas y junto a sus hijos formaba una panaca. Elegía a su sucesor (auqui) utilizando el criterio del más apto, no el de primogenitura. La familia del Inca junto a las demás panacas completaban la “nobleza de sangre”; a ella se le añadía la “nobleza de privilegio” formada por los señores de los pueblos sometidos. El resto lo formaban los hatunrunas (habitantes de los ayllus), los mitmaqkunas (familias de colonos) y los yanaconas (casta servil que dependía del Inca). Para la administración el Estado contaba con los “orejones” (nobles), los tucuyricuys (supervisores) y, naturalmente, con los curacas. El Sol (Inti) era la divinidad oficial pero siguieron cultos antiguos como Wiracocha, la Madre Tierra (Pachamama) y el Rayo (Illapa); también se respetaron los cultos locales (huacas). El sacerdote principal o Villac Umo vivía en el Coricancha; las acllas (“escogidas”) se dedicaban al culto y a atender las necesidades del Inca (vestido, comida). El Cuzco, “centro u ombligo del mundo”, era la ciudad sagrada desde donde se dividía el universo en cuatro suyos o partes.

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