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Durante los años veinte nacieron dos movimientos políticos de masas, el aprismo y el comunismo, que marcarían buena parte del desarrollo político peruano a partir de 1930. El APRA, fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre en México (1924) se presentó como un movimiento internacionalista, de clara influencia marxista en sus primeros años de vida e introduciendo la violencia revolucionaria en el léxico de la política peruana. Si bien estas ideas se moderaron en la campaña electoral de 1931, el aprismo fue acusado muchas veces de subversivo por los sectores más conservadores. Su líder ofrecía un capitalismo de Estado a cargo de un frente único de trabajadores manuales e intelectuales reclutados entre las clases medias y el pueblo trabajador.  

El comunismo, por su lado, tuvo en José Carlos Mariátegui a uno de los pensadores marxistas más originales de América Latina. Autor de un impresionante número de artículos de divulgación del marxismo, de crítica literaria y de análisis político, Mariátegui fundó el Partido Socialista, la revista Amauta y escribió los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, acaso el libro más leído en el Perú durante el siglo XX. La heterodoxia del pensamiento de Mariátegui, sin embargo, fue rechazada por el primer congreso de partidos comunistas pro-soviéticos reunido en Montevideo en 1929.

Luego de la muerte de Mariátegui (1930) el Partido Socialista varió en Partido Comunista, ahora dirigido por Eudocio Ravines y respaldado por la Internacional Socialista. Esta afiliación pro-soviética repercutiría negativamente en el desarrollo del marxismo en el Perú. Los seguidores del "mariateguismo" ya no tendrían la misma originalidad ni frescura intelectual del autor de los 7 ensayos. Políticamente su influencia fue mínima, por lo menos hasta la década de 1950.

Tras la caída de Leguía, y luego de varios cambios políticos, se convocaron elecciones generales en 1931, una de las más polémicas de nuestra historia republicana. Las candidaturas más importantes fueron las de Sánchez Cerro y Haya de la Torre. El país se polarizó.

Sánchez Cerro había fundado la Unión Revolucionaria, de enorme arraigo popular. El origen mestizo y provinciano de su líder, que fue capaz de pulverizar el edificio leguiísta, ejercía enorme fascinación entre los obreros y los grupos medios urbanos. Su lema era el Perú sobre todo, lo que demostraba su clara vocación nacionalista como respuesta a las influencias "foráneas" representadas por el aprismo y el comunismo. Defendía la exaltación de ciertos valores (patria, religión, propiedad), que sin duda tendían a la creación de una mística, propia de los fascismos europeos de entonces.

Haya basó su discurso en un análisis de los principales problemas del país. Moderó sus anteriores llamados a la revolución y a la construcción del socialismo. Anunció la creación del "estado antiimperialista", para aceptar correctamente las innovaciones traídas por el capital extranjero. La fascinación que ejercía Haya era su llamado a jóvenes o adultos, obreros, empleados o desocupados, a la tarea de formar una empresa colectiva y ser protagonistas de la vida política. La idea era sacarlos del anonimato. Al menos esa fue la idea de quienes votaron por Haya en 1931.

Pero el discurso de Haya resultaba demasiado radical para la mentalidad política del país. Si bien sus repetidos ataques a las clases altas eran sólo retóricos, asustaron tremendamente a los grupos conservadores y por qué no a muchos artesanos y gente de clase media temerosos de perder sus pequeñas propiedades. De este modo la Iglesia, el Ejército y la oligarquía no escatimaron esfuerzos para denunciar al APRA como un movimiento subversivo internacional que pretendía destruir la integridad nacional.

De acuerdo a la información oficial, votó el 80% de los inscritos en el Registro Electoral. Los resultados fueron los siguientes: Sánchez Cerro 152 mil votos; Haya de la Torre 106 mil; los otros dos candidatos tuvieron una votación muy modesta.

La victoria de Sánchez Cerro era contundente, sin embargo, mientras los otros candidatos reconocían su derrota, los apristas denunciaron fraude electoral y llegaron a decir que Haya era el "Presidente moral del Perú". Esta derrota era un golpe amargo pues daban por descontado el triunfo de Haya. Su frustración era inmensa. A partir de allí el Apra inició una cerrada oposición desde el Congreso y las calles.

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