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Los nombres de los antiguos mayas variaban dependiendo de la ubicación geográfica de los pueblos, diseminados en la mayor parte de Guatemala, la porción más occidental de Honduras, el norte de El Salvador, todo Belice y, en México, en los estados de Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán.

Primero llevaban el paal kaba o nombre de pila, equivalente, por ejemplo, a Juan o María. Los padres solían presentar a sus hijos recién nacidos ante un sacerdote, quien le hacía el horóscopo para determinar el momento más oportuno para proporci0onarle un nombre considerando cuando había sido concebido, dándole seguidamente el nombre que llevaría durante la infancia. Cuando se trataba de varones, el paal kaba invariablemente comenzaba con el prefijo Ah; para las niñas se utilizaba Ix. A estos prefijos agregaban nombres de mamíferos, reptiles o aves. A partir de ese momento pasaban a llamarse Ah Balam (jaguar) e Ix Cuat (serpiente).


A partir de la “ceremonia de la pubertad”, niños y niñas portaban el apellido de su padre. Entonces, si el padre se apellidaba Chel, éstos cambiarían su nombre por Ah Balam Chel e Ix Cuat Chel, respectivamente.

Al contraer nupcias, tanto el hombre como la mujer modificaban por segunda vez su nombre, dando paso al naal kaba. Éste sustituía al anterior y se componía por el prefijo Na más el apellido de la madre, que era seguido por el del padre. Así, si la mamá de Ah Balam Chel o Ix Cuat Chel se apellidaba Chan, los nuevos nombres serían Na Balam Chan Chel y Na Cuat Chan Chel, respectivamente.

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