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La Batalla de Ayacucho


Se desarrolló en librada el 9 de diciembre de 1824, en la pampa o llanura homónima, a unos 3.500 m de altitud, en las proximidades del Perú - Ayacucho, que terminó con la victoria de las tropas independentistas de Simón Bolívar al mando del general Antonio José de Sucre, sobre las españolas comandadas por el último virrey del Perú, José de la Serna e Hinojosa. No sólo dio la independencia a Perú y a Bolivia, sino a toda la América de habla española. La Batalla de Ayacucho constituyó el golpe final al colonialismo español en América del Sur.

La victoria de los independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie, sellando la independencia del Perú con una capitulación militar que puso fin al Virreynato del Perú.


ANTECEDENTES
Antes de regresar al Perú, Simón Bolívar reflexionó sobre el ambiente de anarquía que reinaba en el gobierno, producto de la poca libertad de acción de los presidentes por la intervención constante del Congreso Constituyente, presidido por Francisco Javier de Luna Pizarro.

Bolívar tenía tendencias autoritarias, razón por la cual había planteado que si se le encargaba el gobierno del Perú lo asumiría pero sin permitir obstáculos en su gestión. Hábilmente, envió a Antonio José de Sucre para azuzar la división entre los dos gobiernos peruanos, cada uno de los cuales contaba con sus caudillos y su respectiva facción congresal. En Trujillo estaba José de la Riva Agüero; en Lima, José Bernardo de Torre Tagle.

Simón Bolívar llego al Perú el 1 de septiembre de 1823, invitado por la comisión Sánchez-Olmedo, y con la ayuda de Gutiérrez de la Fuente logró anular a Riva Agüero. Antes de iniciar la campaña en la sierra centro sur, Bolívar asumió el poder teniendo en su entorno a Faustino Sánchez Carrión como secretario de gobierno, a Hipólito Unanue como ministro de Hacienda y al general Antonio José de Sucre como jefe de su Estado Mayor.

Dos días antes de la Batalla de Ayacucho, el 7 de diciembre de 1824, Bolívar envió desde Lima a los gobiernos de Colombia y México, y más adelante al de Chile, el Río de la Plata y Centroamérica, las invitaciones oficiales al Congreso Anfictiónico de Panamá.

En las primeras de ellas afirmaba:
"Después de 15 años de sacrificios consagrados a la libertad de América por obtener el sistema de garantías que, en paz y guerra, sea el escudo de nuestro destino, es tiempo ya que los intereses y relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos. Entablar aquel sistema y consolidar el poder de este gran cuerpo político pertenece al ejercicio de una autoridad sublime, que dirige la política de nuestros gobiernos, cuyo influjo mantenga la uniformidad de sus principios y cuyo solo nombre calme nuestras tempestades. Tan respetable autoridad no puede existir sino en una asamblea de plenipotenciarios nombrados por cada una de nuestras Repúblicas y reunidos bajo los auspicios de la victoria obtenida por nuestras armas contra el poder español".
Simón Bolívar

Las principales instrucciones impartidas por Bolívar como primer mandatario de Colombia a su delegación apuntaban a la búsqueda de la unidad de los nuevos Estados hispanoamericanos: renovación del pacto de unión, liga y confederación; determinación del contingente de fuerzas terrestres y marítimas de la confederación; declaración de la Asamblea del Istmo y la efectividad de su arbitraje; tratados de comercio y navegación y la independencia de Cuba y Puerto Rico. A estas proposiciones el Libertador le añadió un plan combinado de hostilidades contra España para obligarla a reconocer la independencia de sus antiguas colonias.

La estrategia del Libertador para la reunión de Panamá quedó más claramente definida después en carta desde Arequipa (Perú), del 30 de mayo de 1825, al general Francisco de Paula Santander, donde además manifestaba su inconformidad con la invitación cursada por el vicepresidente de Colombia a Estados Unidos para participar en el congreso de las repúblicas de la América Meridional:

"He visto el proyecto de federación general desde los Estados Unidos hasta Haití. Me ha parecido malo en las partes constituyentes, pero bello en las ideas y en el designio. Haití, Buenos Aires y los Estados Unidos tienen cada uno de ellos sus inconvenientes. México, Guatemala, Colombia, el Perú y Chile y el Alto Perú pueden hacer una soberbia federación; la que tiene la ventaja de ser homogénea, compacta y sólida. Los americanos del Norte y los de Haití, por solo ser extranjeros tienen el carácter de heterogéneos para nosotros. Por lo mismo, jamás seré de opinión que los convidemos para nuestros arreglos americanos."
Simón Bolívar

BATALLA DE AYACUCHO
Historia.
En octubre de 1824, Bolívar consideró que los realistas, quebrantados por la derrota de Junín y otras, y próxima la temporada de lluvias, no emprenderían nuevas campañas. En consecuencia, entregó el mando a Sucre, y el día 7 de octubre marchó a Lima. Para ese momento, el ejército libertador contaba con cerca de 6.500 efectivos organizados en tres divisiones (generales Lamar, Lara y Córdoba) y una de Caballería (general Miller), casi todos colombianos.

Bolívar, al frente de sus tropas, avanzó hacia Huancayo y luego viajó a Huamanga. Tras su retorno a Lima, ordenó a Sucre instalarse entre Abancay y Andahuaylas.

Producida la derrota de la caballería española en Junín, los realistas se retiraron al Cusco, donde reorganizaron sus efectivos militares bajo las órdenes del virrey La Serna. Poco después se movilizaron de regreso hasta detenerse en las proximidades de Huamanga. Sucre también acantonó su ejército cerca de Huamanga, tras breves acciones militares contra el enemigo. Bolívar, mientras tanto, viajó a la costa para cautelar la reserva militar. Fue entonces cuando tuvo lugar el encuentro entre patriotas y realistas en las pampas de Ayacucho, al pie del cerro Condorcunca, a doce kilómetros de la ciudad de Huamanga.

El ejército independiente, comandado por Sucre, contaba con cerca de 5600 hombres, en tanto los realistas sumaban cerca de 9500 soldados y tenían como supremo comandante al virrey La Serna. La línea patriota estuvo dispuesta de la siguiente manera: a la derecha, la división Córdova; al centro, la división Lara; a la izquierda, la división La Mar. La línea realista se organizó de la siguiente forma: frente a La Mar, la división Valdés; frente a Lara, la división Monet; frente a Córdova, la división Villalobos.

Al amanecer del 9 de diciembre de 1824, ambos bandos habían ultimado los preparativos de la batalla. Sucre arengó a sus soldados diciéndoles: “De los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur. Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia”.

A las diez de la mañana el ejército realista rompió fuegos. Sucre y sus soldados entraron en acción. Al comienzo, el encuentro favoreció a los españoles, pero al grito del general José María Córdova: “¡División! ¡Adelante! ¡Armas a discreción! ¡Paso de vencedores!”, los patriotas iniciaron la ofensiva arrojándose contra el enemigo. El ejército realista comenzó a desorganizarse y a sufrir serios reveses. A la una de la tarde, el triunfo coronó a los patriotas. Las tropas del Rey habían sufrido su más grande derrota. Se dice que la capitulación entre Sucre y el general español José Canterac se concretó en pleno campo de batalla, ya que el virrey La Serna estaba herido y prisionero.

MANIOBRAS.
Por su parte, La Serna había logrado concentrar unos 19.000 hombres y su mejor oficialidad, organizados en cuatro divisiones; tres de ellas de infantería (generales Canterac, Valdés y Monet) y una de Caballería, que mandaba el propio virrey. El 24 de octubre La Serna se puso en marcha con la idea de desgastar a los patriotas mediante marchas y contramarchas -considerando que el grueso de sus tropas eran resistentes nativos de Perú- y posteriormente aniquilarlos en una gran batalla campal.

3 de diciembre de 1824
En el curso de esas maniobras, el 3 de diciembre, La Serna sorprendió a los patriotas en el cruce de la quebrada de Corpahuaico y les hizo 300 bajas, les ocupó uno de los dos cañones que poseían y gran cantidad de municiones.

8 de diciembre de 1824
Luego de nuevas marchas y maniobras, en la tarde del 8 de diciembre quedaron ambos ejércitos uno frente al otro, al sureste del poblado de Ayacucho, junto al cerro Cordoncanqui.

9 de diciembre de 1824
Allí se enfrentaron, el día 9 de diciembre, los independentistas, con 5 800 hombres y un cañón, contra 9.300 realistas con 14 piezas, que ocupaban una posición dominante en el cerro. La acción comenzó sobre las 09:00 horas con el intercambio de disparos de los cazadores de ambos bandos y una hora después, La Serna, fiado en su superioridad artillera, pasó a la ofensiva, pero fue rechazado y contraatacado por los patriotas. Las tropas de Córdoba treparon el escabroso cerro y capturaron a La Serna. Alrededor de las 13:00 h se consumaba la victoria de los insurgentes con la total derrota del ejército realista.

CAPITULACIÓN DE AYACUCHO

"Don José Canterac, teniente general de los reales ejércitos de S. M. C., encargado del mando superior del Perú por haber sido herido y prisionero en la batalla de este día el excelentísimo señor virrey don José de La Serna, habiendo oído a los señores generales y jefes que se reunieron después que, el ejército español, llenando en todos sentidos cuanto ha exigido la reputación de sus armas en la sangrienta jornada de Ayacucho y en toda la guerra del Perú, ha tenido que ceder el campo a las tropas independientes; y debiendo conciliar a un tiempo el honor a los restos de estas fuerzas, con la disminución de los males del país, he creído conveniente proponer y ajustar con el señor general de división de la República de Colombia, Antonio José de Sucre, comandante en jefe del ejército unido libertador del Perú".

Es el tratado firmado por el jefe de estado mayor realista, Canterac, y el general Sucre al concluir la batalla de Ayacucho, el mismo 9 de diciembre de 1824. Sus principales consecuencias fueron varias:

El ejército realista bajo el mando del virrey La Serna renunciaba a seguir la lucha.

La permanencia de los últimos soldados realistas en las fortalezas del Callao.

La República del Perú debió saldar la deuda económica y política a los países que contribuyeron militarmente a su independencia.

Bolívar convocó desde Lima al Congreso de Panamá, el 7 de diciembre, para la unidad de los nuevos países independientes. El proyecto fue ratificado únicamente por la Gran Colombia. Cuatro años más tarde la Gran Colombia, a causa del deseo personal de muchos de sus generales y de la ausencia de una visión unitaria, terminaría dividiéndose en las naciones que forman actualmente.

En honor y reconocimiento a los combatientes independentistas de la batalla, se construyó en el lugar de los hechos, un obelisco en conmemoración a la batalla.
Este se encuentra actualmente ubicado en el Distrito de Quinua, Provincia de Huamanga. A 37 Km. al noreste de la ciudad de Ayacucho, a 3300 msnm.

Resumen Capitulación de Ayacucho
Canterac, ahora al mando de los colonialistas, acompañado por Lara, capituló ante Sucre en el propio campo de batalla, comprometiéndose a abandonar todo territorio peruano ocupado por los españoles, incluyendo la fortaleza de El Callao, el parque de artillería y los almacenes militares.

Junto a La Serna y Canterac, se rindieron los mariscales Valdés, Monet, Villalobos y Carratalá; los generales de brigada Bedoya, Feraz, Camba, Somocurcio, Cacho, Atero, Landázuri, Vigil, Pardo y Tur, 16 coroneles, 68 tenientes coroneles, y 484 mayores y otros oficiales. Los libertadores sufrieron 310 muertos y 670 heridos mientras que los realistas perdieron 1.800 muertos y 2.000 heridos.

Fin del poder colonial español
La victoria de Ayacucho marcó el fin del poder colonial español en América del Sur, aunque todavía quedaron focos de tozuda resistencia, como el del general Olañeta en Alto Perú, asesinado por los suyos el 28 de mayo de 1825 y la fortaleza de El Callao, que resistió hasta el 22 de enero de 1826. Pero antes, el 6 de agosto, un congreso declaró independiente el territorio de Alto Perú, que recibió el nombre de república de Bolívar, cambiado más tarde por el de Bolivia.


Esta batalla selló la independencia del Perú y de América. Los realistas tuvieron 1400 muertos y 700 heridos; las cifras del ejército independiente ascendieron a 370 muertos y 609 heridos.

BATALLA DE ARICA Historia Completa


Antecedentes
Poniendo en práctica su plan de robar tierras del Perú y Bolivia y teniendo como punta de lanza sus empresarios, los ladrones chilenos, que conocían bien la debilidad militar del Perú y Bolivia —países sumergidos en permanente caos político y crisis económica—, para iniciar la guerra simplemente esperaban el menor pretexto, que fue la decisión boliviana de aumentar el pago de impuestos por el salitre que en el litoral boliviano explotaban los empresarios chilenos, quienes, siguiendo el libreto del inminente robo, protestaron y pidieron la intervención de Santiago. Chile entonces atacó primero a Bolivia en febrero de 1879 y el 5 de abril del mismo año declaró la guerra al Perú por sus intentos de mediación1.

Invadido todo el litoral boliviano y habiendo recibido la declaratoria de guerra de los rateros chilenos, lo único que pudo hacer el Perú entre abril y octubre de 1879 fue la campaña marítima, que terminó el 8 de octubre con la muerte del almirante Miguel Grau y toda la plana mayor de la marina. A partir de ese momento los ladrones chilenos tenían dominio del mar y podían desembarcar sus bien pertrechados delincuentes en cualquier parte de la costa sur del Perú. Así, los terroristas chilenos atacaron con facilidad Iquique, Pisagua, Arica y Tacna.

El ejército peruano de los diversos puntos de la costa quedó a merced de los ataques de la flota terrorista de los chilenos. La batalla de Tarapacá (27 de noviembre de 1879) tuvo lugar con todas las facilidades y ventajas para los carteristas chilenos, pese a lo cual vencieron los peruanos; pero ese triunfo no cambió en nada la situación. Lo único que pudieron hacer los exhaustos vencedores de Tarapacá2, con los coroneles Andrés A. Cáceres y Francisco Bolognesi a la cabeza, fue marchar en dirección norte, hacia Arica.

El 7 de Junio de 1880 en Arica se gestó una de las páginas más dignas de la historia peruana. Luego de conocida la derrota en el Alto de la Alianza y de la captura de Tacna (26 de Mayo de 1880), quedaban sólo dos posibilidades para los soldados peruanos en Arica: retirarse hacia el este (abandonar el puerto más estratégico del sur y dejar definitivamente estos territorios a Chile) o bien quedarse a pelear hasta el final. Los soldados peruanos, con el coronel Francisco Bolognesi a la cabeza, optaron por quedarse y ante el pedido de rendición del enemigo decidieron luchar "hasta quemar el último cartucho". 

Fuerzas:
Chile: 5,300 hombres, caballería y apoyo naval del Cochrane, la Covadonga, el Loa y el Magallanes
Perú: 1,600 hombres sitiados, sin caballería, con apoyo naval del monitor Manco Cápac y de la lancha torpedera Alianza.

Tarapacá y Tacna había caído en manos chilenas, Arica estaba cercada por el sur y por el norte. Al oeste, poderosas naves en la bahía hacían imposible cualquier intento de escapatoria. Se podía abandonar el territorio marchando rumbo al este, internándose en la sierra, para, rodeando las fuerzas chilenas, alcanzar Arequipa o eventualmente Lima. Había también otra opción: quedarse en Arica, donde sin duda morirían.

Bolognesi confiaba aún que el ejército aliado no hubiera quedado destruido en Tacna y que acudirían a reforzar Arica. El día 26 de mayo había dirigido un telegrama a sus superiores, pidiendo órdenes y refuerzos y agregando: "Aquí sucumbiremos todos antes de entregar Arica". No obtuvo respuesta. Envió mensajeros, pero éstos no regresaron. Le escribió al prefecto de Arequipa "estoy incomunicado".

La Propuesta de Rendición y la Respuesta de Bolognesi
Bolognesi despachó el 4 de junio una carta a sus superiores, en la que dice desconocer el paradero de las fuerzas peruanas y pide refuerzos. "tengo al frente 4,000 enemigos poco más o menos a los cuales cerraré el paso a costa de la vida de todos los defensores de Arica aunque el número de de los invasores se duplique", dice Bolognesi. "Todas las medidas de defensa están tomadas, espero ataque pasado mañana, resistiré. Háganos propios (envíe refuerzos) cuantos sea posible. Dios guarde a U.S. Francisco Bolognesi". A pesar del pedido desesperado, las fuerzas peruanas, al mando del Coronel Leiva estaban lejos, se habían retirado a Arequipa.

El 5 de junio a las 7 de la mañana, el comando chileno envió como parlamentario, al mayor Juan de la Cruz Salvo , quien fue recibido por Bolognesi en su casa, al pie del Morro, donde en la actualidad se encuentra el Consulado peruano en Arica. El mayor le expresó a Bolognesi que el jefe del ejército de Chile quería evitar un inútil derramamiento de sangre, puesto que el grueso del ejército peruano-boliviano había ya sido vencido en Tacna. De la Cruz Salvo le dijo que tenía el encargo de pedir la rendición de la plaza, "cuyos recursos en hombres, víveres y municiones conocemos".
"Tengo deberes sagrados y los cumpliré hasta quemar el último cartucho", dijo Bolognesi al parlamentario chileno, sin embargo, le advirtió que esta respuesta era personal y que debía consultar con los otros oficiales.

La consulta se dió. Uno por uno contestaron por orden de graduación. Ni una voz discrepante se alzó. Los defensores de Arica dijeron: "Cuando menos sea nuestra fuerza, más animoso debe ser nuestro corazón".

El Asalto del 7 de Junio de 1880
Al amanecer del 7 de junio de 1880 se inició el asalto chileno por la retaguardia, en el fuerte de la Ciudadela. Empezó una feroz matanza de prisioneros, de los 400 soldados peruanos, sólo sobrevivieron diez.

La resistencia final tuvo lugar en el Morro mismo. Allí estaban Bolognesi, More, Alfonso Ugarte, Saenz Peña, Armando Blondel, con los restos de los batallones Tarapacá, Iquique, Artesano y Granaderos de Tacna. Eran unos pocos hombres contra muchos asaltantes. Todo concluyó a las 8 de la mañana.

Según Saénz Peña, "sólo More y Bolognesi continuaron haciendo fuego con sus revólveres" hasta que un soldado chileno le disparó a Bolognesi y lo tendió muerto instantáneamente de un balazo en el cráneo.

La Batalla de Arica, constituyó un holocausto consciente por el honor nacional, un sacrificio colectivo unánimemente aceptado y enfrentado con singular denuedo. Las cifras que siguen, muestran en forma elocuente que no hay en la historia de las guerras del mundo, en lo porcentual, sacrificio mayor:
Batalla de Wagran : 38% muertos
Batalla de Waterloo : 24% muertos y liciados
Batalla de Gravelotte : 8% muertos
Batalla de Arica : 60% : muertos

Hay que agregar asimismo que en la Batalla de Arica, del efectivo total de los batallones "Granaderos de Tacna" y "Cazadores de Piérola" fueron muertos casi todos. El 4 de junio de 1880, entraban al Callao los restos de este gran Héroe Francisco Bolognesi, siendo situados en el cementerio de Lima “Presbítero Maestro”.


LAS CARTAS DE ARICA
Durante el sitio y antes de la batalla, varios oficiales de Arica dirigieron cartas a sus familiares y amigos, las mismas que reflejaban su estado de ánimo y premoniciones, pero por encima de todo, su patriótica determinación de defender los intereses del Perú. Aquí una selección de ellas, escritas por tres de los principales protagonistas: Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte y Ramón Zavala:

Carta de Francisco Bolognesi a su esposa
"... Esta será seguramente una de las últimas noticias que te lleguen de mí, porque cada día que pasa vemos que se acerca el peligro y que la amenaza de rendición o aniquilamiento por el enemigo superior a las fuerzas peruanas son latentes y determinantes. Los días y las horas pasan y las oímos como golpes de campana trágica que se esparcen sobre este peñasco de la ciudadela militar engrandecida por un puñado de patriotas que tienen su plazo contado y su decisión de pelear sin desmayo en el combate para no defraudar al Perú. ¿Que será de ti amada esposa? Tú que me acompañaste con amor y santidad. ¿Que será de nuestros hijos, que no podré ver ni sentir en el hogar común? Dios va a decidir este drama en el que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder tienen la misma responsabilidad. Unos y otros han dictado con su incapacidad la sentencia que nos aplicará el enemigo. Nunca reclames nada, para que no se crea que mi deber tiene precio...” (Extracto).

Carta de Alfonso Ugarte a Fermín Vernal
“... No hay detalles ni tenemos noticias seguras de los nuestros más de lo que te comunico. Aquí en Arica estamos solamente dos divisiones de nacionales, defendiendo este punto, y aún cuando somos tan pocos, no podemos hacer lo de Iquique, abandonar el puerto y entregarlo, porque éste es un puerto artillado y tiene elementos y posiciones de defensa. Tenemos pues, que cumplir con el deber del honor defendiendo esta plaza hasta que nos la arranquen a la fuerza. Ese es nuestro deber y así lo exige el honor nacional. Estamos pues esperando ser atacados por mar y tierra. Dios sabe lo que resultará, así que te puedes imaginar mi triste situación. Sin embargo es preciso resistir hasta el último y te puedo asegurar, también, que con las posiciones que ocupamos en el morro, los cañones de grueso calibre y las minas que tenemos preparadas, les costará muchas vidas a los chilenos reducirnos y quitarnos esta plaza.
Estamos resueltos a resistir con toda la seguridad de ser vencidos, pero es preciso cumplir con el honor y el deber. Quizás la suerte nos favorezca y lleguen con tiempo los refuerzos que esperamos de Arequipa...” (Extracto).

Carta de Ramón Zavala a un amigo
“... De todos modos tengo la seguridad de que si no triunfamos, que si los chilenos no reciben su castigo aquí, que si no hacemos de Arica un segundo Tarapacá, la defensa será de tal naturaleza, que nadie en el país desdeñará en reconocer en nosotros sus compatriotas, y que los neutrales no dejaran de reconocernos como los defensores de la honra e integridad de nuestra patria.

Arica, no se rinde, ni las banderas se despliegan para abandonar la plaza; por el contrario, resistirá tenaz y vigorosamente, y cuando la naturaleza cede, obedeciendo a leyes físicas, los invasores pondrán su planta en un suelo que está cubierto de cadáveres y regado por sangre peruana. Sus defensores prefieren la muerte a la deshonra; la gloria a una vida que les hubiera sido insoportable, sino hubieran aprovechado del último resto de ella para escarmentar al enemigo y levantar más alto el pabellón nacional...”(Extracto) .

RESUMEN.
La batalla de Arica se inició en abril de 1879, desarrollándose inicialmente en el mar hasta la muerte gloriosa del almirante don Miguel Grau en el combate de Angamos.

Sin la defensa de nuestra armada los chilenos se aprestaron a invadir los territorios codiciados.

Primero fueron derrotados en Tarapacá, pero luego se recuperaron y derrotaron a nuestro ejército en Tacna. La ciudad peruana de Arica había quedado aislada y el coronel Bolognesi en gran inferioridad numérica se prestó a defenderla.

Asediado por tierra y por mar, Bolognesi escuchó el pedido de rendición que le hacían los chilenos a quienes toda resistencia les parecía inútil; siendo la respuesta de Bolognesi: "Tengo deberes sagrados y los cumpliré hasta quemar el último cartucho", respuesta que fue ratificada por sus jefes y oficiales.

La batalla se realizó inexorablemente el 07 de Junio de 1880 en el morro de Arica, donde Bolognesi junto a la mayoría de sus jefes, incluyendo al heroico coronel Alfonso Ugarte, murieron defendiendo el honor nacional.

La batalla de Arica que enfrentó a nuestro ejército con los invasores chilenos, es un ejemplo inolvidable de heroísmo y honor que honra a nuestro pueblo y a nuestros soldados, en donde se enaltece fundamentalmente la figura del heroico coronel Francisco Bolognesi, jefe de la plaza y a sus más cercanos colaboradores que decidieron entregar su vida en defensa de nuestra integridad territorial.

perueduca.edu.pe.

Combate de Angamos 8 de Octubre


En 1879 se enfrentaron los buques peruanos Huáscar y Unión contra los buques chilenos Cochrane, Blanco Encalada, Loa y Covadonga.

Lima. Un día como hoy hace 134 años un grupo de hombres, tripulantes del monitor Huáscar al mando del Caballero de los Mares Gran Almirante del Perú Don Miguel Grau Seminario, fueron protagonistas de uno de los Combates Navales más memorables y gloriosos de los que se tenga recuerdo en la historia marítima de las naciones.

Aquella epopeya heroica se inicia el día 30 de setiembre de 1879, cuando la División Naval integrada por el monitor Huáscar, la corbeta Unión y el transporte Rímac, zarpan hacia el sur en demanda de Iquique a donde arriban el 1° de octubre. Aquel día, el Huáscar al mando de Grau y la Unión al mando de García y García enrrumban nuevamente hacia el sur para continuar incursionando en costas chilenas, actividad que gracias a la habilidad y pericia de nuestro Gran Almirante y su tripulación había dado buenos resultados, dado que tras 7 meses de guerra con un adversario inmensamente poderoso materialmente hablando, se les había negado el dominio del mar. 

Ante esta situación que era inconcebible para los chilenos y que ocasionó el relevo de su Alto Mando Naval, el nuevo comandante en Jefe de su escuadra, Almirante Riveros ideó planes para la captura del Huáscar, la pesadilla de los marinos Chilenos. Es así que la escuadra enemiga es dividida en dos divisiones integrada la primera por el acorazado Blanco Encalada, la corbeta Covadonga y el transporte armado Matías Cousiño; la segunda por el Cochrane, corbeta O’Higgins y la cañonera Loa, zarpan hacia Arica el 2 de octubre, llegando allí el 4, no hallando a nuestras naves, tomando conocimiento que se hallaban incursionando en sus costas. Es así que ambas divisiones se separan para navegar hacia el sur, la primera pegada hacia la costa y la segunda en Alta Mar.

El plan chileno consistía en acorralar al Huáscar y la Unión aprovechando la mayor velocidad de los buques de la segunda división y cortarles la retirada.

El mismo día 4 continuando con su misión, la División Naval Peruana llega a Sarco, al sur de Huasco, apresando a la goleta chilena Coquimbo, despachándola hacia Arica. El día 5, siempre navegando al sur, arriban a Coquimbo no hallando naves enemigas, prosiguiendo luego hasta Tongoy a pocas horas de Valparaíso. Grau ya había tomado conocimiento del zarpe de los chilenos y por ello prefiere no arriesgarse ir más al sur, emprendiendo el retorno hacia el norte. Los días 6 y 7 el Huáscar sufre desperfectos en máquinas efectuándose las reparaciones en alta mar. Superados los problemas, en la madrugada del día 8 de octubre a 01.00 horas arriban al puerto de Antofagasta libre de buques chilenos, continuando su derrota hacia el norte. A 03.00 se divisan humos procedentes del norte, pensándose inicialmente que se trataba de mercantes, pero a fin de evitarlos en caso que fueran naves chilenas, Grau ordena navegar al oeste y luego al norte, pero el plan de Riveros se pone en marcha y es así que los humos divisados inicialmente al salir de Antofagasta correspondían a los de la primera división que emprendieron caza a nuestros buques y luego de tres horas de navegar a toda máquina, los peruanos logran burlar al enemigo dejándolos a 8 millas a la altura de Punta Tetas.

Más tarde, a 07.15 navegando hacia el norte se divisan otros tres humos por el noroeste que son los de la Segunda División Naval Chilena que navegan en rumbo de intercepción hacia los nuestros. Grau toma conocimiento de esta nueva situación y comprende de que el cerco que el enemigo le tiende será difícil de evitar, la velocidad y el poder artillero del Huáscar son superados ampliamente por los de los acorazados chilenos.

Entonces, decide continuar hacia el norte a fin de intentar rebasar Punta Angamos. Luego, Grau evalúa la situación y da órdenes a García y García para que salve su buque puesto que sacrificar a la Unión único buque de valor aparte del Huáscar sería un error.

En conocimiento que el enfrentamiento era inevitable, Grau presenta combate y toma la iniciativa, efectuando el primer cañonazo a 09.40 hacia el Cochrane que estaba a 1000 yardas de distancia y así empieza el encuentro a la altura de Punta Angamos. El acorazado Chileno estrecha distancias aprovechando su andar y luego inicia sus disparos, obligando, al hacer blanco en el Huáscar, a gobernar con aparejos.

A 09.50 horas en pleno fragor del combate un proyectil impacto en la torre donde se hallaba ubicado el Almirante Miguel Grau volándolo en pedazos a él y a su ayudante el Teniente Diego Ferré. En ese preciso instante es cuando el marino más grande del continente pasa a la inmortalidad.

Pero el combate continúa. El espíritu vivo de Grau se mantiene entre los suyos, el Huáscar no se rinde: asume el mando el Comandante Elías Aguirre; la lucha se hace cada vez más difícil y la primera división Chilena entabla también combate con el monitor. El enemigo con su poderosa artillería demuele poco a poco la nave peruana, que pierde el gobierno a causa de una andanada. Aguirre cae muerto, el Comandante Capitán de Corbeta Carvajal es herido de gravedad, el Teniente Rodríguez cae muerto también, es herido el Teniente Palacios que con la mandíbula destrozada no abandona su puesto y el Teniente Santillana es alcanzado por la metralleta; el personal tampoco se rinde y lucha hasta el final.

El Huáscar aunque sin gobierno continúa disparando, intenta espolonear al Blanco Encalada sin resultados. Finalmente tras una hora y diez minutos de combate desigual con la artillería ya inutilizada por el fuego enemigo, con el buque sin posibilidades de maniobrar y diezmada su tripulación, por orden expresa del último en asumir el mando del Huáscar el Teniente Pedro Gárezon, se ordena abrir válvulas de fondo para hundir el buque y cuando esto se llevaba a cabo ya con 4 pies de agua en los fondos, el enemigo aborda el buque y tras dominar a la tripulación exhausta pero con la moral y el orgullo en alto, lo toman como presa. Al instante de abordar el Huáscar el primer bote chileno, se hallaban los oficiales peruanos sobre la cubierta porque momentos antes habían arrojado al agua sus espadas para no entregarlas, gritando a viva voz uno de ellos “Los Peruanos no se rinden”.

Biografía de Miguel Grau.
Grau había nacido el 27 de julio de 1834 en Piura. Su padre fue un militar colombiano llamado Juan Manuel Grau y Berrio; su madre, la piurana Luisa Seminario y del Castillo.

Siempre sintió una extraordinaria atracción por el mar. A los 19 años ya había recorrido casi todos los mares y océanos del mundo con la marina mercante. En 1854 ingresó a la Marina de Guerra y en 1868 fue nombrado comandante general del Huáscar, el buque más moderno y veloz de la Marina de Guerra en ese tiempo.

Contrajo matrimonio con doña Dolores Cabero con quien tuvo 10 hijos. La familia se instaló en Lima, en una casa que hoy ha sido restaurada y se conoce como la Casa Grau. Entre 1876 y 1879 dejó momentáneamente el comando del Huáscar para ser diputado por Paita. 
El Huáscar tuvo una campaña notable durante la guerra. Atacó puertos y naves chilenas, destruyó pertrechos militares del enemigo, arruinó el bloqueo que tenían las naves enemigas contra Iquique y venció en el combate del mismo nombre.

Después de hundir a la Esmeralda, y en lugar de perseguir a la otra nave, la Covadonga, Grau ordenó el rescate de los 62 sobrevivientes chilenos que gritaban “Viva el Perú generoso” y cuyo último comandante, el teniente Uribe, agradeció el gesto humanitario del almirante.

El 8 de octubre de 1879, en Angamos, Grau fue acorralado en el Huáscar por los mejores seis buques de la armada chilena. A pesar de que se defendió con valentía, una granada acabó con su vida en la torre de mando de su monitor, a los veinte minutos de iniciado el combate.

Podemos recordar a Grau como un gran estratega del combate militar, y sin duda lo fue. Pero podemos también reconocer en él la virtud de la generosidad, muy poco común en el escenario de una guerra. Por eso, Grau es un ejemplo de cómo los valores humanos deben mostrarse siempre. 

Esa actitud tan humana es la que hace a este hombre un héroe universal. Grau es un héroe para el mundo, es una muestra de la grandeza a la que puede llegar la humanidad aún en las peores situaciones. Su actitud y su caballerosidad brillan en la historia de las guerras de los hombres como brilla una luminosa estrella en el cielo más oscuro.